En la variedad está el gusto

La variación lingüística es un concepto tratado desde disciplinas muy diversas como la lingüística, la sociolingüística, la estilística y la traductología. Desde la traductología, la variación lingüística suele verse como un problema de traducción que se centra en conseguir una equivalencia entre el texto original y el texto meta. La  variación  dentro  de  una  lengua  está  ligada  a  los  hablantes  que  la  usan,  a  la  cultura  y  a la sociedad  en  sí,  de  ahí  que  no  pueda  hacerse  un  mero  trasvase   lingüístico   en   el   proceso   de   traducción. 

Créditos de la foto: Ana Cordero Sánchez

Considero que la traducción de las variedades de la lengua representa un reto lingüístico, extralingüístico y pragmático. En primer lugar, el léxico de estas variedades no suele estar recogido en los diccionarios, que reservan sus entradas para la lengua estándar, por lo tanto, se plantea como un reto lingüístico para el traductor. Además, cada término implica un significado referencial que se enmarca en una cultura concreta, con lo cual también es un problema extralingüístico. Por último, el uso de las variedades de la lengua por un autor está muy relacionado con la intencionalidad de su uso (caracterización, humor, realismo, reivindicación) así como las condiciones de la recepción (ideología, cliente, encargo y receptor). Con esto queda descrita la importancia y la dificultad a la hora de tratar con una variedad lingüística que no solo implica una lucha por encontrar el significado de un término de un dialecto. La variación lingüística se manifiesta de diversas formas en un texto: registros, dialectos, sociolectos, jergas..., la función del traductor es comprender el valor estilístico y el socio-histórico de estas variedades con el fin de transferirla al texto meta. Toda lengua posee dialectos (variantes territoriales) dentro de los cuales se presenta variación diastrática o social (sociolectos, tecnolectos y jergas) y diafásica, o sea, estilística o individual (estilo literario, solemne, formal cuidado, culto informal, familiar, vulgar, etc.).

Por lo tanto, el traductor no puede ser ajeno a esta riqueza de diversidad lingüística ya que cada variedad tiene implicaciones (lingüísticas, extralingüísticas y pragmáticas) que forman parte del texto original y que de una manera tienen un valor, unas connotaciones y una importancia que forma parte del estilo del texto. Por ejemplo, el uso de una variedad lingüística determinada en un texto puede constituir  una  fuente  de  información  sobre  la  procedencia  geográfica  y social  de  los  personajes  y,  servir como fuente  de  humor,  sea  por  la  mera  presencia  de  la  variedad  (sobre  todo,  en casos  de   imitación)  o  por  haber  preparado  el   terreno  para  una agudeza humorística relacionada con ella. Una vez se ha destacado la importancia de la traducción de las variedades lingüísticas, cabe comentar que no es una tarea fácil a causa la falta de equivalencias de dialectos o jergas, por ejemplo, entre lenguas, ya que como se ha comentado, cada variedad lingüística está estrictamente relacionada a una historia y a una cultura. Por ello, considero que es esencial que el traductor valore la importancia de dichas variedades y prime la búsqueda de una equivalencia. Ahora bien, como traductor es de suma importancia que conozca y utilice otras estrategias para tratar las variedades lingüísticas cuando la equivalencia no sea posible: estandarización, transposición  dialectal, compensación  paralingüística, conservación  de  la referencia,  explicitación  y  generalización en  casos  de referencias a variedades lingüísticas.

En mi opinión, lo más importante es que se reconozca la importancia de las variedades lingüísticas y que el traductor las trate como un reto de traducción y demuestre sus habilidades utilizando las estrategias comentadas para lograr una equivalencia total o parcial, en lugar de obviar las variedad y utilizar directamente la lengua estándar.





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