«El otro árbol de Guernica» de Luis de Castresana

Esta novela de Luis de Castresana es un ejemplo de fortaleza. Esconde ternura y, a la vez, dureza. Es el relato de las peripecias de un grupo de niños y niñas obligados a abandonar España para protegerles de la crueldad y las miserías de la guerra. 

«El otro árbol de Guernica» de Luis de Castresana
Narra la historia de unos niños españoles exiliados a un orfanato de Bruselas durante la Guerra Civil Española. Santi y su hermana, Begoña, junto a otros tantos niños, viven en primera persona la incertidumbre de un viaje a lo desconocido; un viaje cuya única causa que conocen es la guerra, pero del que desconocen las consecuencias. Luis de Castresana utiliza su propia experiencia como niño refugiado en el país flamenco y otorga al protagonista muchas de sus vivencias durante aquellos años, hecho que dota a la novela de un toque intimista.

El inicio del libro es quizá la parte más dura. La despedida. Las palabras del autor hacen que el lector se imagine el drama real que suponía para las familias enviar a sus hijos a destinos desconocidos. La incertidumbre y el miedo, tanto a lo que implicaba el porvenir de esos niños, como a lo que aguardaba España, perfilan la atmósfera asfixiante del inicio de la novela.

En un principio, suponía la estancia en tierras extranjeras sería por poco tiempo, ya que estaba arraigado en las consciencias de todos los españoles que la guerra no duraría mucho. Pero ya sabemos que no fue así. Tres largos años fueron los que este grupo de niños vivió fuera de sus casas y familias.

El punto a destacar de esta novela es ver cómo los niños, en un intento por mantener su identidad, luchan por seguir sintiéndose españoles. Y, literalmente hablando, juegan a las costumbres. Crean una biblioteca de libros en castellano, fundan un orfeón, organizan partidos de fútbol y se reúnen siempre alrededor del roble al que bautizan «árbol de Guernica». Se las ingenian para instituir una comunidad exclusiva para españoles, en la que intentan que reine la empatía. Construyen una familia que, al fin y al cabo, los une y les hace sentir que forman parte de algo y que no están solos. Nunca mejor dicho, la unión hace la fuerza.

La guerra roba a los niños el derecho de ser niños. Esta novela esconde una lectura triste y meláncolica. Luis de Castresana da voz a Santi que, a veces inocente y otras adulto, nos habla de la incomunicación en las familias, de la soledad en un orfanato, del abandono en un país extraño, de la nostalgia y del no saber.

Una novela cercana que no dejará al lector indiferente.


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